Muchos consideran que la paz es como el aire: invisible, sin color, sin peso y sin gusto. No obstante, no puede faltar pues sin ella no es posible vivir, sino solamente sobrevivir.
Decidir
Cuando decidimos ser constructores de la paz nos encontramos frente a una gran decisión: la de no seguir siendo violentos. Y no tener violencia tiene implicaciones muy sutiles.
Si de alguna forma se pierde la paz interna, hay una actitud de violencia hacia nuestro propio ser. Nos privamos de la experiencia de la paz. Ambas cosas implican un mayor control de sí mismo. Ser un constructor de paz implica construir la paz y no la guerra.
Aún si hay un enfrentamiento entre dos personas, debemos deshacer los nudos que enredan la relación, cambiar la actitud propia y ayudar a la otra persona a cambiar la suya.
Tolerar
Una de las cosas que nos hace ser pacíficos es la tolerancia. La tolerancia es una actitud que va acompañada de aceptación y adaptación a la realidad y no de rechazo.
Es interesante observar que cada vez que hay sufrimiento es porque hace falta algo de tolerancia. La tolerancia es una cualidad pero también un poder extremadamente beneficioso.
Sin embargo, se ha confundido mucho el aguantar con el tolerar, y aguantar nunca es tolerar. Aguantar es justamente perder la paz y tener los dientes apretados para no molestarse, no gritar o no matar. La tolerancia se podría definir como la capacidad de estar tan tranquilo, tan amoroso que sin importar lo que suceda, somos capaces de entender, de tener misericordia y compasión.
Si toleramos internamente no sufrimos y además no damos sufrimiento. Es decir hay paz.
Cuando uno quiere ser un constructor de paz tiene que estar muy atento a no destruir lo que quiere crear.
Estela Gavidia
Tras haber obtenido 16 años de experiencia en el área de publicidad, mercadeo y ventas, hoy Estela Gavidia es una ferviente investigadora del crecimiento y bienestar del ser humano.





